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Alba Cromm y la Vida sin Hombres

Esta bitácora intenta ser un diario bienhumorado y nada feminista sobre la posibilidad de pervivencia e incluso felicidad sin necesitar a esos pequeños bichitos peludos. Es el diario de una mujer sin crisis en la edad de la crisis: casi 40

¿Madurez?

 

 La cuestión es que al principio, intentas ponerle a cada chico con el que sales un apodo privado, no un mote, sino un apelativo cariñoso: al primero lo llamas “chico”, al siguiente “gordo”, al otro “pequeño”, al otro… Hasta que llega una edad, pongamos los treinta y tres, en que te das cuenta de que hay un apelativo que te gusta especialmente, que se te escapa de modo continuo, y que es como te gustaría llamarlos a todos (en mi caso, chico). Y luego llega otra edad, digamos treinta y ocho, en que ya su opinión te importa un bledo, y les llamas a todos de la misma manera. Tiene la ventaja de que así nunca te equivocas de nombre. 

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